jueves, 19 de marzo de 2015

El cerebro incompleto de un hombre revela el papel del cerebelo en el pensamiento y la emoción



16 de marzo 2015 

Autor: JON HAMILTON

Traducción: Ana Toral





Jonathan Keleher forma parte de un puñado de personas
 que han vivido toda su vida sin un cerebelo. (Ellen Webber para NPR)


Desde su nacimiento hace 33 años, Jonathan Keleher ha estado viviendo sin cerebelo, una estructura que generalmente contiene alrededor de la mitad de las neuronas del cerebro.

Esta condición extremadamente rara ha dejado a Jonathan con una manera particular de hablar y una forma de andar que es un poco incómoda. También carece de equilibrio para montar en bicicleta.

Pero todo eso no le ha impedido vivir por su cuenta,  mantener un trabajo de oficina y parecer encantador a casi todas las personas que lo conocen.

"Yo siempre he sido mas social que cualquier otra cosa", me dice  Jonathan cuando me encuentro con él en la casa de sus padres en Concord, un suburbio de Boston. "¿Para qué leer un libro o por qué hacer otra cosa cuando se puede socializar y hablar con la gente?"




Escáneres cerebrales de Jonathan

Estas son imágenes por resonancia magnética del cerebro de Jon Keleher (A, B) 
en comparación con una persona de control (C, D) de la misma edad.
Fuente: Hospital General de Massachusetts
 (Crédito: Cortesía de Jeremy Schmahmann)


Jonathan también está haciendo una importante contribución a la neurociencia. Al permitir a los científicos que le estudien a él y a su cerebro,  está ayudando a cambiar algunos conceptos erróneos desde hace mucho tiempo sobre lo que hace el cerebelo. Y eso, a su vez, podría ayudar a los cientos de miles de personas cuyos cerebelos han sido dañados por un derrame cerebral, una infección o una enfermedad.

Durante décadas, el cerebelo ha sido el "patito feo del cerebro", dice el Dr. Jeremy Schmahmann, profesor de neurología en la Universidad de Harvard y el Hospital General de Massachusetts. No se le tenía ningún respeto porque la mayoría de los científicos sólo sabían acerca de su papel en el equilibrio y en el control de la motricidad fina.

Podemos aprender  mucho acerca de ese papel al ver a alguien que ha sido detenido por conducir ebrio, dice Schmahmann. "La prueba que aplica la policía estatal es una prueba de la función del  cerebelo. Así que el efecto del alcohol sobre la función del cerebelo es identificado por todos los que alguna vez han tenido que caminar en línea recta o se han tenido que tocar  la nariz con el dedo."

Pero Schmahmann y un pequeño grupo de científicos han pasado décadas construyendo  un caso en el  que el cerebelo hace mucho más que dejar que la gente pase una prueba de sobriedad.

En primer lugar, demostraron  que tiene conexiones con las áreas del cerebro que desempeñan funciones superiores, como el uso del lenguaje, la lectura de mapas y la planificación. Luego, hace unos años, los investigadores comenzaron a hacer estudios de resonancia magnética funcional que sugerían que el cerebelo participaba activamente en estas tareas.

"La gran sorpresa de la imagen funcional fue que cuando se analizaron sujetos haciendo estas tareas lingüísticas y tareas espaciales y tareas de pensamiento, he aquí  que el cerebelo se iluminó", dice Schmahmann.

Algunas de las pruebas más convincentes, sin embargo, han venido de la investigación en un puñado de personas que no tienen el cerebelo,  gente como Jonathan Keleher.

Durante los primeros años, su futuro parecía muy incierto, dice su madre, Catherine. "Todos sus hitos llegaron tarde: sentarse, caminar, hablar."

Pero durante ese tiempo los médicos y expertos en salud de desarrollo aún no sabían por qué Jonathan estaba teniendo tantos problemas. Y eso resultó ser una buena cosa, dice su padre, Richard. "Como no conocíamos el diagnóstico,  dijimos: 'Bueno, vamos a suponer que él puede hacer de todo´”.
Así que Jonathan recibió una educación especial, terapia para el habla y terapia física. Su padre incluso le inventó una especie de terapia de la playa.

"Él no andaba", dice Richard. "Y me di cuenta de que si me lo llevaba a la playa,  trataría de andar."


Jonathan tenía 5 años cuando un escáner cerebral reveló finalmente el problema. Y, lo llevaron a  Schmahmann, que ha pasado toda su carrera estudiando el cerebelo.

Una imagen del cerebro de Jonathan está en una pantalla del ordenador  el día que visito el laboratorio de Schmahmann. Él apunta a un área justo por encima del tronco cerebral. "Él tiene este espacio negro notable aquí abajo, que es donde se supone que el cerebelo tendría que estar", dice Schmahmann. "Es un área muy grande donde no hay nada."

La investigación sobre Jonathan y gente como él apoya la idea de que el cerebelo tiene realmente sólo una tarea: hace que las  acciones o funciones torpes sean  más refinadas. "No hace las cosas. Hace que las cosas sean mejores", dice Schmahmann.

Eso es bastante sencillo cuando se trata del movimiento. La corteza motora del cerebro le dice a sus piernas que comiencen  a caminar. El cerebelo hace que el paso sea suave, constante y equilibrado.

"Lo que conocemos ahora  es que lo mismo que el cerebelo le hace  al movimiento, también se lo  está haciendo al intelecto y a la personalidad y al procesamiento emocional," dice Schmahmann.

A menos que no se tenga un cerebelo. Entonces, dice Schmahmann, el pensamiento y las emociones de una persona pueden llegar a ser tan torpes como sus movimientos.

Jonathan lo verificó al llegar a  una intersección concurrida poco después de obtener  su carnet de conducir. Había un autobús detrás de él, los coches pasaban zumbando, y su cerebro simplemente no pudo coordinar toda la información. Así que destrozó el coche de su padre.

"El tiempo de reacción, no es mi punto fuerte," dice  Jonathan, añadiendo que no conduce más.

La complejidad emocional es otro reto para Jonathan, dice su hermana, Sarah Napoline. Ella dice que su hermano es un gran oyente, pero no es introspectivo.

"No consigue entrar en este nivel más profundo de la conversación que construye relaciones fuertes, o en esas  cosas que serían la base para una relación romántica o para profundas amistades perdurables", dice ella. Jonathan, que está sentado a su lado, dice que está de acuerdo.

A Jonathan también le han tenido que enseñar  un montón de cosas que las personas con un cerebelo aprenden automáticamente, dice Sarah: cómo hablar con claridad, cómo comportarse en situaciones sociales y la forma de mostrar sus emociones.

Sin embargo, Jonathan es ahora capaz de hacer todas esas cosas. Lo ha hecho mediante la capacitación de otras áreas de su cerebro para hacer los trabajos que  generalmente están hechos por el cerebelo, dice Schmahmann.

Ha costado décadas, dice Richard. Añade que no podría haber ocurrido en absoluto si su hijo fuera  menos resistente y decidido.

"Hay momentos en que me doy cuenta de lo valiente que ha sido mi hijo ", dice. "Estar allí por su cuenta, ir a la playa y caer una y otra vez y otra vez y otra vez. Es bastante impresionante."


Texto Original en : http://www.npr.org/blogs/health/2015/03/16/392789753/a-man-s-incomplete-brain-reveals-cerebellum-s-role-in-thought-and-emotion?utm_campaign=storyshare&utm_source=twitter.com&utm_medium=social

miércoles, 11 de marzo de 2015

Tras dar un apretón de manos, nos olemos el olor de la gente en nuestra mano


Autora:  Catalina de Lange

Traductora: Ana Toral





Vídeo: Oliéndose  las manos, después de un apretón de manos


No vas a creerlo, pero lo haces. Después de darle la mano a alguien, levantaras las manos a la cara y aspiraras profundamente. Este comportamiento recién descubierto - revelado por la filmación encubierta - sugiere que al igual que otros mamíferos, los seres humanos utilizan el olor corporal para transmitir información.

Sabemos que las lágrimas de las mujeres transmiten señales quimiosensoriales - su olor disminuye los niveles de testosterona y amortigua la excitación en los hombres - y que en el sudor humano podemos transmitir miedo. Pero a diferencia de otros mamíferos, los humanos no tienden a ir por ahí husmeandose entre sí.

Preguntandose cómo se intercambian este tipo de señales, Noam Sobel y sus colegas del Instituto de Ciencia Weizmann en Rehovot, Israel analizaron una de las formas más comunes en que las personas se tocan: dándose las manos. "Empezamos a mirar a la gente y me di cuenta de que después,  la mano, como sin querer, se acerca  a la cara", dice Sobel.

Para saber si las personas realmente olían sus manos, en lugar de rascarse la nariz, por ejemplo, su equipo filmó subrepticiamente 153 voluntarios. Algunos fueron cableados a una variedad de instrumentos fisiológicos de manera que el flujo de aire a la nariz se pudiera medir sin que ellos se dieran cuenta de cual era  la intención.



¿Oliendo un trato?. No siempre.  (Image: Saul Loeb/AFP/Getty Images)


Inspire profundamente


Los voluntarios fueron filmados mientras saludaban a un miembro del equipo, ya sea con o sin un apretón de manos. Los investigadores registraron la frecuencia con la que los voluntarios acercaron sus manos a su nariz, y el tiempo que los mantuvieron allí, un minuto antes y después del saludo.

Antes del saludo, los hombres y las mujeres tenían su mano cerca de su nariz el 22 por ciento del tiempo, en promedio. El flujo de aire en la nariz se duplicó, al mismo tiempo, lo que sugiere que estaban oliendo sus manos.

Después de darle la mano a alguien del mismo sexo, los voluntarios, de promedio,  olieron la mano del apretón más de dos veces de lo  que lo hacían antes del apretón de manos. Si la persona era del sexo opuesto, olían la mano no apretada  el doble que antes del apretón de manos. Esto generalmente ocurría una vez que el experimentador había salido de la habitación.

El equipo también llevó a cabo el experimento con personas que llevaban guantes estériles. Los productos químicos de los guantes de la mano del investigador que daba el apretón,  incluían  ácido escualeno  y  ácido hexadecanoico, ácidos grasos que están involucrados en la señalización social entre perros y ratas.

"Las personas constantemente tienen una mano en su cara, y la están oliendo, y modifican ese comportamiento después de dar la mano. Eso demuestra que el apretón de manos es un comportamiento quimiosensorial", dice Sobel.


Al igual que las ratas


Puede parecer contra-intuitivo que los voluntarios olieran mas  la mano que participaba en el apretón cuando se encontraban con una persona del mismo sexo, pero esa es la manera equivocada de pensar en ello, dice Sobel. "Tendemos a pensar en lo quimiosensorial social como una historia de cruce de géneros, pero no lo es." Hay un montón de casos en los que la señalización ocurre dentro de un mismo sexo, dice, como las mujeres sincronizando sus ciclos menstruales o los roedores olfateando la  dominación. El comportamiento también podría ser específico del contexto, sugiere. En un bar, por ejemplo, el patrón podría ser revertido.

"Estoy convencido de que esto es sólo la punta del iceberg", dijo Sobel. "Esto es sólo un ejemplo más donde la señalización química es una fuerza impulsora en el comportamiento humano." Una sorpresa fue lo mucho que los voluntarios olían sus manos. "Cuando estábamos codificando  los vídeos veíamos a personas olerse a sí mismos como ratas. Es como el parpadeo -. Lo ves todo el tiempo, pero simplemente no se piensa en él."

Charles Wysocki en el Monell Chemical Senses Center de Filadelfia está de acuerdo. "Encaja con la idea general de que hay mucha más comunicación química en curso y de la que no somos conscientes".

Además de tratar de averiguar exactamente que tipo de información está siendo transmitida, el equipo de Sobel está buscando la forma en que la señalización quimiosensorial a través del apretón de manos  podría afectar a las  condiciones del comportamiento, tales como los  trastornos del espectro autista.


Referencia del Diario: eLife, DOI: 10.7554 / eLife.05154  marzo 2015