sábado, 10 de junio de 2017

Drogas psicodélicas y psiquiatría.





La historia de las drogas psicodélicas y su utilización en psiquiatría comenzó a principios de los años 1950, unos 10 años después de que Albert Hofmann descubriera las propiedades alucinógenas del LSD, y duró hasta 1970.

La historiadora médica Erika Dyck examinó los archivos de investigadores canadienses de salud mental y entrevistó a  algunos de los psiquiatras, pacientes y enfermeras involucradas en los primeros ensayos con LSD. El trabajo de Dyck muestra la experimentación temprana con LSD bajo una nueva luz, como una rama fructífera de la investigación psiquiátrica dominante: redefinió el alcoholismo como una enfermedad que podría curarse y desempeñó un papel en la revolución psicofarmacológica que transformó radicalmente la psiquiatría. Pero, a pesar de algunos resultados alentadores, la investigación con esta droga de resultados esperanzadores fue bloqueada por los poderes públicos.

A la vanguardia de la primera investigación psicodélica se encontraba un psiquiatra británico llamado Humphry Osmond (1917-2004), un alto funcionario del Hospital St. George en el sur de Londres, quien comenzó a investigar las propiedades químicas de la mescalina, el ingrediente psicoactivo del cactus peyote durante la década de 1940. Después de experimentar con el fármaco durante casi dos años, Osmond y sus colegas concluyeron que "causó síntomas en personas normales que eran similares a los síntomas de la esquizofrenia".

Una investigación posterior les llevó a creer que la estructura química de la mescalina se parecía mucho a la de la adrenalina. Como consecuencia, llegaron a considerar la esquizofrenia como causada por una sobreproducción de adrenalina. Pensaron al hacerlo que habían formulado la primera teoría bioquímica de la enfermedad mental.
En 1951, Osmond se trasladó a Canadá para ocupar el cargo de subdirector de psiquiatría en el Hospital Mental de Weyburn en Saskatchewan y, con fondos del gobierno y la Fundación Rockefeller, estableció un programa de investigación en bioquímica.

Al año siguiente, conoció a otro psiquiatra con el nombre de Abram Hoffer, y ambos se embarcaron en una colaboración a largo plazo. Osmond amplió su programa de investigación y comenzó a usar LSD en lugar de mescalina, ya que estaba disponible en la sucursal canadiense de la Sandoz Pharmaceutical Company en Toronto.

Ambos investigadores tuvieron la idea de usar el LSD para tratar el alcoholismo en 1953, durante una conferencia en Ottawa. Después de llegar a su hotel, no pudieron dormir, y se quedaron hasta tarde hablando sobre problemas en psiquiatría. De madrugada,  la conversación derivó a las similitudes entre los efectos de LSD y el delirium tremens a menudo experimentado por los alcohólicos durante la abstinencia, y comenzaron a preguntarse si el LSD podría ser eficaz en el tratamiento del alcoholismo. ¿Un delirio controlado por el LSD ayudaría a los alcohólicos a permanecer sobrios?

A su regreso a Saskatchewan, Osmond y Hoffer decidieron probar su hipótesis y trataron a dos alcohólicos crónicos, que habían sido admitidos en el Hospital Mental de Saskatchewan, con una dosis única de 200 microgramos de LSD.

Osmond sabía por una autoexperimentación anterior que cantidades mucho menores eran suficientes para producir profundos cambios en la consciencia, pero utilizó dosis muy grandes para un efecto más fuerte. La idea era que inducir un delirio artificial tan aterrador que pudiera asustar al paciente e inducirlo a cambiar su comportamiento de consumo habitual. Uno de los pacientes dejó de beber inmediatamente después del tratamiento y permaneció sobrio durante todo el período de seis meses del estudio de seguimiento. El otro continuó bebiendo después del experimento, pero dejo de beber a los seis meses.
Osmond y Hoffer encontraron estos resultados algo confusos, pero concluyeron que el LSD tenía una probabilidad del 50% de ayudar a los alcohólicos.

El siguiente ensayo con LSD de Saskatchewan lo realizó Colin Smith varios años más tarde. Smith trató a 24 pacientes e informó que 12 de ellos manifestaron una mejora de moderada a alta. Alentados por estos resultados iniciales, otros psiquiatras comenzaron a usar la droga para tratar a los alcohólicos.

Mientras tanto, Osmond y Hoffer continuaron con su propia investigación. En 1960, habían tratado a unos 2.000 pacientes alcohólicos con LSD, y afirmaban que sus resultados eran muy similares a los obtenidos en el primer experimento.

Osmond también introdujo a  Aldous Huxley a la mescalina, dando al novelista su primera dosis de la droga en 1953, que lo inspiró a escribir el libro clásico “Las Puertas de la Percepción”. La terapia con  LSD alcanzó su punto máximo en los años cincuenta, tiempo durante el cual se utilizó incluso para tratar estrellas de cine de Hollywood.

Para entonces, habían surgido dos formas de terapia. La terapia psicodélica (“manifestación de la mente”)  que se practicó principalmente en América del Norte  que consistía en una psicoterapia intensiva seguida por una única megadosis de LSD. Se pensó que las experiencias trascendentales inducidas por dosis tan grandes, así como una mayor autoconciencia, permitirían al paciente reflexionar sobre su condición con mayor claridad.

Por otra parte, la terapia psicolítica ("relajación de la mente") se practicaba principalmente en Europa, e implicaba dosis de  bajas a moderadas del fármaco junto con el psicoanálisis, para liberar los recuerdos perdidos mucho tiempo atrás y revelar la mente inconsciente.

Los primeros estudios de LSD se realizaron junto con ensayos de fármacos recién desarrollados, como el antipsicótico clorpromazina y el antidepresivo tricíclico imipramina. Juntos, estos ensayos con fármacos condujeron a la aparición del nuevo campo de la psicofarmacología y provocaron un cambio de paradigma que revolucionó la psiquiatría .El hallazgo de que los psicodélicos pueden inducir síntomas similares a la esquizofrenia reforzó la noción de que las condiciones psiquiátricas son causadas por desequilibrios químicos en el cerebro. Y los psiquiatras, ante nuevas evidencias de que los trastornos mentales pueden ser efectivamente tratados con drogas, comenzaron a abandonar el enfoque psicoanalítico en favor de nuevos modelos de enfermedad basados ​​en la química del cerebro.

El LSD llegó a las calles a principios de los años 60, cuando se publicaron más de 1.000 artículos de investigación científica sobre la droga, describiendo resultados prometedores en unos 40.000 pacientes. Poco después, sin embargo, las investigaciones sobre el LSD como agente terapéutico llegó a su fin por dos razones. En primer lugar, algunos investigadores señalaron la metodología defectuosa de los estudios. La mayoría carecía de controles adecuados, por lo que los pacientes involucrados no fueron asignados al azar en grupos que recibieran el tratamiento real o un placebo. Hoy en día, el estudio aleatorizado, doble ciego controlado con placebo es el estándar de oro para los ensayos clínicos. El paciente no sabe si se le ha administrado el tratamiento o el placebo. El investigador tampoco debería saberlo, de modo que no predice los resultados con sus expectativas. En aquel entonces, sin embargo, este diseño experimental todavía no había sido universalmente aceptado como el mejor método para evaluar la eficacia de los nuevos tratamientos farmacológicos.

La segunda - y más importante - razón era el clima cultural y político de la época. A mediados de los años sesenta, el LSD se había convertido en una droga recreativa popular, y estaba estrechamente vinculado a la contracultura hippie y a los fenómenos afines: disturbios estudiantiles y manifestaciones contra la guerra, rebeldía y desobediencia social. Los medios de comunicación cada vez más retrataron al  LSD como una droga peligrosa de abuso que podría causar, entre otras cosas, daños cromosómicos y anomalías fetales.
 Sandoz dejó voluntariamente de fabricar y suministrar la droga en 1966, y los gobiernos de los Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá impusieron severas restricciones a su uso en la investigación, y finalmente prohibieron su uso por completo en 1970.

Los documentos relativos a los ensayos con  LSD en  Saskatchewan se archivaron hasta que fueron descubiertos por Dyck hace cinco años.

A mediados de los años noventa se produjo un renovado interés por los potenciales beneficios terapéuticos de las drogas psicodélicas. Una figura clave fue Franz Vollenweider, coautor de un artículo publicado en la revista científica Nature Reviews Neuroscience. Como explica el artículo, la nueva investigación confirma que las drogas psicodélicas son efectivamente agentes terapéuticos eficaces, al menos cuando se administran en combinación con terapia conductual, y pueden aliviar los síntomas de diversos trastornos psiquiátricos.

Las nuevas técnicas de investigación, como la utilización de la resonancia magnética funcional (fMRI), están proporcionando nuevas ideas sobre cómo estas drogas afectan al cerebro y revelan los mecanismos cerebrales que podrían explicar sus efectos terapéuticos.


Composición química del LSD, Psilocibina, Mescalina y Serotonina
 mostrando sus similitudes y diferencias de estructura.


Ahora se sabe, por ejemplo, que los alucinógenos clásicos (el LSD, la psilocibina y la mescalina) ejercen sus efectos activando el subtipo de receptor de la serotonina 5-HT2A expresado por las células piramidales en las capas profundas de la corteza prefrontal en el cerebro humano. La serotonina está involucrada en la señalización dentro de un circuito neural ampliamente distribuido que está implicado en el estado de ánimo y los trastornos afectivos. La activación de los receptores de serotonina altera a su vez la señalización mediada por el glutamato y la dopamina, y también puede inducir plasticidad sináptica, modificando la resistencia de las conexiones de largo alcance entre los componentes del circuito neural. Los efectos terapéuticos de las drogas psicodélicas pueden, por lo tanto, ser debidos a su capacidad de modular la actividad neuronal dentro de estos circuitos.

La química de los psicodélicos está también estrechamente vinculada con la depresión y los antidepresivos. Todos los psicodélicos clásicos son agonistas del receptor 5HT2A. La mayoría de ellos tienen otros efectos sobre el cerebro, que contribuyen a los efectos únicos de cada fármaco, pero el agonismo al receptor neuronal  5HT2A es lo que todos tienen en común.

Resultado de imagen de 5HT2A
Resultado de imagen de 5HT2A


Los receptores 5HT2A son receptores excitatorios expresados ​​en todo el cerebro, y son especialmente densos en las células piramidales clave de la corteza cerebral. 

Normalmente son activados por la serotonina (5HT), que es el neurotransmisor que más a menudo se piensa que está implicado en la depresión. La relación entre el 5HT y el estado de ánimo es muy complicada, y la depresión no es simplemente un trastorno de "serotonina baja", pero hay una fuerte evidencia de que está involucrada.

Hay un detalle desconcertante, que es que no todos los agonistas de 5HT2A son alucinógenos. Lisuride, un fármaco utilizado en la enfermedad de Parkinson, está estrechamente relacionado con el LSD, y es un fuerte agonista 5HT2A, pero no tiene efectos psicodélicos. Recientemente se ha demostrado que el LSD y la lisurida tienen diferentes efectos moleculares en las células corticales, a pesar de que actúan sobre el mismo receptor; en otras palabras, el receptor 5HT2A no tiene una actividad simple, sino que su actividad tiene una complejidad todavía no desentrañada.

Otras nuevas investigaciones muestran que la ketamina, un anestésico disociativo con propiedades alucinógenas que actúa sobre todo en el sistema transmisor glutamatérgico, puede aliviar la depresión y también puede reducir la frecuencia de pensamientos suicidas en pacientes deprimidos. Un ensayo clínico reciente demostró que el MDMA ('Éxtasis') es beneficioso para los pacientes que sufren de trastorno de estrés postraumático. Y algunas de las investigaciones propias de Vollenwieder muestran que la psilocibina puede aliviar la ansiedad y el dolor en pacientes con cáncer terminal.

 Sorprendentemente, este trabajo reciente muestra que algunos psicodélicos son eficaces después de una sola dosis; Esto tiene obvias ventajas sobre otros tratamientos de drogas, que pueden requerir muchos meses o incluso años. Pero a pesar de estos avances, queda mucho por descubrir acerca de cómo las drogas psicodélicas actúan sobre el cerebro y por qué son de valor terapéutico.

La historia de la experimentación con el LSD podría ser también de utilidad para aquellos que toman decisiones sobre la política de drogas. La criminalización del LSD en 1970 fue evidentemente una reacción directa de los gobiernos a los informes de los medios de comunicación sensacionalistas sobre los peligros de la droga que se produjeron sin un debate adecuado. El examen de las razones por las que los ensayos tempranos de la LSD fueron interrumpidos tan abruptamente podría, por lo tanto, proporcionar lecciones valiosas sobre cómo los fármacos polémicos podrían incorporarse eficazmente a la medicina moderna.

Basado en: